Después de elegir a un presidente y formar un gobierno tras casi tres años de bloqueo político, la clase política libanesa se enfrenta al mayor de sus retos: el desarme de Hizbulá. La milicia chií ha sido severamente diezmada a lo largo de los 14 meses de conflicto con Israel. La brutalidad de los bombardeos del pasado otoño arrasaron con gran parte de la cúpula política y militar del grupo, matando la misma semana a su líder durante los últimos 32 años, Hasán Nasrala, y a quién iba a ser su sucesor. Pero el partido político sigue movilizando a gran parte de la comunidad chií y es una fuerza política destacada que se resiste a renunciar a la hegemonía que le dan, en parte, sus armas.