Lucía Carreño (Gijón, 1988) lleva toda la vida ligada a los deportes de raqueta. Primero fue el tenis, donde su hermano Pablo llegó a la fama mundial, aunque ella apostó por el pádel desde su época universitaria e incluso llegó a ser campeona de Asturias. Ahora, la gijonesa compagina su trabajo como arquitecta con la presidencia de la Federación Asturiana, donde las licencias no paran de crecer año tras año. A la espera de que el domingo arranque el Premier Pádel, el torneo más prestigioso del mundo, en Gijón, Carreño atiende a LA NUEVA ESPAÑA para repasar la situación actual de un deporte que sigue en auge.