La necesidad tiene rostro de hereje. Y esa necesidad no la ha ocultado María Guardiola, la presidenta que convocó las elecciones del 21 de diciembre y que, habida cuenta de su limitada subida -un escaño-, no puede formar gobierno por sí misma, según soñaba, por lo que ha sugerido -sin llegar a negociarlo- que, si al PSOE tanto le interesa frenar a la ultraderecha de Vox, pues, que se abstenga. Al tiempo, ha dicho que como eso no ocurrirá -sin, repetimos, intentar siquiera explorarlo- se siente abocada a persuadir a Vox.