Una barrera física, pero, sobre todo, una barrera psicológica que había que derribar para que Gijón recuperase la esperanza en el plan de vías. Así ha percibido el actual gobierno municipal liderado por Carmen Moriyón el viaducto de Carlos Marx y por eso planteó a sus socios de Gijón al Norte dar prioridad a su demolición. Y así se hará, si todo sale bien, a finales del año que viene en un proyecto que finalmente ha crecido hasta convertirse en la primera fase real de la gran operación de construcción de la estación intermodal de Moreda. Son algo más 53 millones –un 10% del total estimado de la operación de la estación– para derribar el viaducto y urbanizar toda la zona generando una nueva imagen en esa entrada de la ciudad, pero también, y aquí se va el grueso del dinero y de los 33 meses de obras, reordenar la red de colectores y hacer la caja de conexión de la estación con el túnel del metrotrén.