La cambió la cara a este Barça. No solo volvió a sonreír, sino que también dejó atrás el rictus tenso y se relajó. Se deshizo de su versión rígida y fluyó. El equipo de Pere Romeu selló su pase a las semifinales de la Champions con una nueva goleada ante el Wolfsburgo (6-1) y echó los fantasmas y las dudas que sobrevolaban sus cabezas. El vestuario unido y un cuerpo técnico comprometido le dieron la vuelta a unos días complicados tras la derrota ante el Real Madrid. Sacó su carácter de campeón para echar a andar hacia Lisboa.