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“Me dijeron que lo sentían, habían entrado unas pateras y la prioridad no era buscar a mi hermano y no se buscó"”

"Tengo los gritos de mi hijo grabados y no se me irán jamás". Han pasado 16 años, pero Remedios lo recuerda como si acabara de ocurrir. El 3 de noviembre de 2006 sonó su teléfono. La mujer acababa de terminar de hacer unos recados, iba en el autobús. "Dígame". Al otro lado, nada más descolgar, una voz pedía ayuda. “Entonces escuché la voz del chico que salió de mi casa con mi hijo, la voz del chaval ese, su supuesto amigo: ¡ayúdanos!".


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